¿Por qué nos apersonamos del conflito ajeno?

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Tan fácil como preguntar: ¿quién es el mejor jugador de la actualidad, Cristiano Ronaldo o Messi?. La respuesta realmente nos dirime y abre un camino de conflictos que incluso, podrían llegar a transgredir nuestra integridad física. Pero, ¿Por qué  hacemos propio algo que ni siquiera tiene que ver con nosotros y peor aún, pareciera ser que aveces nos creemos dueños de la verdad absoluta cual religión profesada por creyentes legalistas? Sé que muchos de nosotros disfrutamos de este maravilloso deporte que es el fútbol, entiendo que algunos hemos llorado (al menos yo lo admito), que hemos echado un sutil madrazo cuando el libreto en la cancha no sale como esperamos que funcione, y hasta algunos otros prefieren bajarle el volumen a la televisión para no escuchar al narrador que muestra su parcialidad sobre el equipo contrario, o ensalza la figura de algún jugador a quien no queremos ni oír ver en pintura.

Desde hace mucho tiempo se ha planteado la pólemica sobre quién es el mejor jugador del mundo, inclusive, de todos los tiempos. No estoy acá para entrar en el conflicto ajeno, es más, me causa un poco de tristeza los insultos que he leído y escuchado en foros, páginas informativas y/o conversaciones casuales donde muchas personas se salen de casillas cuando opinan que CR7 es mejor que Messi y/o viceversa. Algunos aducen que Maradona es el mejor de todos los tiempos, otros indican que como Pelé no habrá ninguno, o que jamás se verá en un terreno de juego la calidad desparramada por Di Stéfano y así existen razones de “peso” que hacen al uno mejor que el otro. Yo me pregunto: ¿Por qué no disfrutar de la magia que nos regalan esos jugadores que son diferente en la cancha? ¿Por qué no contemplar la verticalidad del juego propuesto por los jugadores a quienes admiramos? ¿Por qué no divertirnos con una gambeta, un regate, un quite de balón? ¿Por qué no deleitarnos con el talento inusual de esos monstruos del balón? Este mundo está muy loco para realmente empoderarnos del conflicto ajeno, señores y señoras, la invitación es que seamos sensatos, no confundamos pasión con pasión desmedida, no confundamos aliento con palabras salidas de tono; no confundamos sentimientos con insensibilidad. El fútbol debería unirnos siempre en el respeto independientemente de nuestra diferencia de pensamientos, así que partiendo de lo anterior, hagamos de esto una fiesta en total paz y gocemos del espectáculo que se presenta ante nuestros ojos.

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El estadio Azteca

20131130_EstadioAzteca“Y cuando era niño y conocí el estadio Azteca, me quedé duro, me aplastó ver al gigante”. La frase hace parte de una canción de Andrés Calamaro llamada Estadio Azteca. Coloso recinto del fútbol mundial, escenario testigo de la consagración de dos jugadores hitos del fútbol mundial, Diego Armando Maradona y Pelé.

Ubicado en la ciudad de México, el  gigante fue diseñado por los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez y Rafael Mijares Alcérreca y su construcción arrancó en el año 1962 y concluyó a mediados de 1966. Mítico, legendario, su presencia se erigió en los terrenos antiguos ejidales de Santa Úrsula y ha sido lugar desde entonces de memorables e imborrables recuerdos, fue testigo asiduo de dos de los grandes jugadores del fútbol mundial: Pelé y Diego Armando Maradona.

Albergó una de las semifinales más dramáticas jamás jugadas en una  Copa del Mundo, fueron Italia y Alemania que ante el asombro de los simpatizantes volcados en el Estado Azteca, presenciaron la gesta italiana que terminó ganándolo 4-3 en tiempo extra! El coloso de México presenció la furia alemana comandada por Gerd Müller y la entereza y calidad de Gianni Rivera; sin embargo, si mucho bombo había con célebre partido, el gigante se rindió ante el inminente quinteto de Pelé, Rivelino, Jairzinho, Tostao y Gerson. Poco pudo hacer Italia ante Brasil en la final, era una máquina los brasileros para jugar al fútbol y aquél equipo se inmortalizó en maravilloso terreno de  juego.

Si el escenario se embelesó con Pelé y compañía en 1970, en 1986 los aficionados del fútbol se deleitaron con Maradona quien llegaba en plena cúspide de su carrera. Aquél Junio 22 de 1986 y ante el asombro y expectación de los aficionados y el mundo entero que volcaban sus ojos para presenciar en cuartos de final el duelo entre Argentina e Inglaterra, fue la magia de Diego Maradona desplegada en dos memorables goles, la llamada Mano de Dios y el famoso gol catalogado el mejor gol de la historia de los mundiales de fútbol, plasmaron una nueva entrada en la historia del Estadio Azteca.

La final fue memorable entre Argentina y la Alemania de Karl-Heinz Rummennige y finalmente la gloria fue para la albiceleste.

Único estadio de fútbol que albergó dos finales de dos mundiales, atesora la magia, el encanto, la fascinación de grandes leyendas del fútbol que se consagraron sobre el pasto del titán de tierras mexicanas.