Un día en el infierno

20140303_RobertoBaggioUn partido, una jugada, una gambeta, un saque de banda, un tiro de esquina, una falta, un cabezazo, una plancha, un quite…y un penalti mal cobrado pasa factura y más si se trata de la final de un mundial.

Asomaba el mundial de 1994 jugado en Estados Unidos. Para sorpresa e incredulidad de muchos, el país del tío ‘Sam’  fue la sede de un torneo marcado por dos incidentes cincelados en la memoria de los amantes fervientes del fútbol y de aquellos que lo disfrutan quizás, en menor medida. La muerte del defensa de la selección Colombia, Andrés Escobar y la expulsión del mundial del argentino Diego Armando Maradona por dar positivo en el control antidopaje.

Más allá de los lamentables sucesos, el torneo se desarrolló con la tranquilidad esperada, pero sin tanta euforia y esto porque Estados Unidos no es conocido como un país netamente futbolero. Brasil e Italia, los abanderados para conquistar la décimoquinta edición, jugaron unas de las finales más rácanas, donde la táctica prevaleció durante el encuentro en el que difícilmente hubo espacios para jugadas de peligro durante los 90 minutos. En la prórroga, se desplegó un poco más de ofensiva con Cafú por el costado derecho y un atento Romario que buscaba desequilibrar el encuentro que terminó 0-0 y una tanda de penaltis se vislumbraba para definir al nuevo campeón.

La consagración estaba a doce pasos. Presión kamikaze. Si el punto máximo de una ola es su cresta, la ansiedad y nervios henchían sobre los jugadores. No era para menos. Más que el cansancio físico que acarreaban los 22 jugadores sobre la cancha, pasaba factura la madurez mental para resolver una instancia tan definitiva como ésta. El eterno seis del Milán, Franco Baresi, malogró su tiro y sembró el desconcierto en La Azzurra. ¡Cuántas cosas pasaron por su cabeza en esa fracción de segundo cuando envió su disparo lejos de los tres palos.

Una última luz al final del túnel aparecía para Italia en pies del gran Roberto Baggio. Si convertía, Brasil debía cobrar el último penal y para Italia mantener la serie viva, la canarinha tenía que desperdiciarlo. Impulso del 10. Alargar la esperanza o cortarla de una vez. Baggio no tenía otra alternativa, carrera larga y manda un zapatazo que arrebató la ilusión de un equipo, de un país y miles de seguidores alrededor del mundo. Su cara dejó entrever la profunda tristeza y desolación.  Aquél día en el Rose Bowl, el infierno surcó del inframundo y reposó en los corazones vestidos de azul y blanco.1994 WORLD CUP FINAL

 

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